De tiempos que no se han ido…

De tiempos que no se han ido…

Las dictaduras en Latinoamérica tienen una característica irrefutable: Son dictaduras militares. De hecho casi todos los dictadores de esta región fueron educados en la Escuela de Las Américas, Institución que adiestró y entrenó en métodos de tortura, asesinato y represión a miles de represores de toda la región y garantizó la fidelidad de los ejércitos a la política exterior de los Estados Unidos, usando como amenaza, el comunismo.

Sin lugar a dudas una de las más largas y funestas es la del Dictador Alfredo Stroessner que posee un oscuro récord: con 34 años al frente de un gobierno de facto, caracterizado por la  violencia, la represión, desapariciones forzadas, asesinatos, torturas y por sobre todo mucha exclusión social.

Alfredo Stroessner rodeado de sus principales colaboradores durante un acto. Fuente: Google

Alfredo Stroessner rodeado de sus principales colaboradores durante un acto. Fuente: Google

Con un aspecto socioeconómico nada  alentador: un 5% de la población (los que gozaron de las mieles del régimen) que se beneficiaba del 60% de la renta nacional, con medio millón de exiliados. Tan sólo el 15% de viviendas disponía de agua potable. De cada mil niños, 125 no cumplen un año. La economía basada en el contrabando, dirigido en muchas ocasiones por prominentes figuras del régimen (cualquier vinculación a las actividades del actual Pdte de la república, es pura coincidencia…), figuras que cierta historiografía catalogo como “libertaria”, en referencia al número dos del dictador, el Gral. Andrés Rodríguez, y al almirante Hugo González. Actividades que proporcionaban al país unos ingresos anuales de mil millones de dólares (el precio de la paz, diría el dictador).

A diferencia de sus vecinos, Paraguay entre los años 1954 y 1989 no tuvo ningún período de democracia. Al control del mayor partido local (Partido Colorado) y del Ejército y la declaración de ilegalidad para la mayoría de los grupos políticos, se sumó durante un largo período el apoyo e injerencia de Estados Unidos por su combate al comunismo en medio de la guerra fría. El gobierno de facto participó además en el Plan Cóndor, con el que las dictaduras de la región coordinaron acciones para eliminar a la oposición y enfrentar al “enemigo marxista”.

El Informe de la Comisión Verdad y Justicia (CVJ) referente a las violaciones a los Derechos Humanos durante el régimen de Alfredo Stroessner revela que las detenciones ilegales, las torturas y las ejecuciones extrajudiciales fueron el sustento que permitieron al dictador mantenerse más de tres décadas en el poder, mediante un esquema de persecución que afectó al diez por ciento de la población adulta del país. Era un proyecto institucional y lo siguieron al pie de la letra.

Según este informe durante el régimen stronista se efectuaron 20.820 detenciones irregulares, de las que resultaron víctimas un total de 19.862 personas, revelando que el diez por ciento de las mismas fueron privadas de libertad de forma arbitraria en más de una ocasión.

El régimen realizó en promedio 612 detenciones, a 584 personas por año, casi dos detenciones por día, durante 34 años, indica el Tomo II del informe que recogió datos y testimonios sobre esta época.

La CVJ estima que una de cada diez personas adultas fue afectada directamente o en forma indirecta por privaciones ilegales de la libertad; sobre el total de las 20.090 víctimas directas calculadas, se estima que 18.772 personas fueron torturadas por la dictadura.

Rogelio Goiburú durante de la búsqueda de desaparecidos durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89)

Rogelio Goiburú encargado de la búsqueda de desaparecidos durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89) Fuente: Google

Durante el régimen dictatorial fueron asesinados entre 3.000 y 4.000 opositores, pasaron por la cárcel unos 360.000 presos políticos y un millón y medio de personas debieron exiliarse. Stroessner también fue acusado de varios actos de corrupción, algunos vinculados con grandes obras como las represas de Yacyretá e Itaipú, ejemplos más claros de neocolonialismo que “tolero” (mediante alguna que otra concesión).

El terrorismo de Estado paralizó toda resistencia social a la transformación de la economía. Las elites agropecuarias, los grandes grupos económicos y financieros locales, los intermediarios  financieros y el comercio internacional fueron los beneficiarios inmediatos y de largo plazo de estas políticas.

Las violaciones a los Derechos Humanos durante la dictadura más larga de Latinoamérica no sólo dejaron secuelas en las personas y las familias que las sufrieron de forma directa sino que, ha fomentado una sociedad civil de personas disminuidas en su autoestima, sentimiento de dignidad, capacidad de generar planes de vida propios, tanto a nivel individual como social.

Nos legó una sociedad civil con personas disminuidas en su capacidad de experimentar bienestar, ilusión e ideales; ha disminuido la confianza ciudadana en los gobiernos del Estado, y en las instituciones de la sociedad civil nacional, así como en la colectividad internacional (que fomentaba o toleraba un Paraguay convertido en una cárcel olvidada); ha disminuido la confianza del ciudadano, la compasión, la solidaridad ni la protección de los demás, capaces de evitar o sancionar la comisión de esos delitos por parte del Estado.

La dictadura de Alfredo Stroessner nos heredó sombras plagadas de silencio más parecidas a una falta que a una presencia traducidas en una lista de palabras como: autocensura, descreimiento, una herencia directa de la tragedia y la masacre. No hay borrón y cuenta nueva, lo que debe haber es memoria viva de las perdidas, memoria viva de los desaparecidos, memoria viva de los que lucharon, memoria de  un pasado que no queremos que vuelva a ser presente.

Nada que festejar cuando el relato del trauma no ha sido reconstruido, cuando no podemos entender la diferencia entre víctimas y victimarios, cuando sabemos quiénes fueron los demonios, dónde estaban, cuántos eran. La tan anhelada “transición a la democracia”  está en deuda con todos aquellos que lucharon para construir un país mejor. No fue el milico narcotraficante, fue el pueblo, su fuerza, lo que permitió el debilitamiento de la dictadura y que se pudieran desplegar diversas acciones políticas que permitieron  el fin de ésta.

 

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.