Hegemonía y poder real: Dos conceptos claves para entender la importancia del voto en el 2018

Hegemonía y poder real: Dos conceptos claves para entender la importancia del voto en el 2018
Horacio Cartes junto a Lilian samaniego y a Calé Galaverna, en la convención colorada del 2016. Foto: ABC Color.

Por Prabhat Pacuá.

Para Antonio Gramsci la hegemonía explicaba cómo un grupo social podía someter a la gran mayoría de un país. Gramsci demostró que la burguesía italiana no solo se sostenía en el poder mediante la coerción, la represión estatal, sino gracias a ideas, consensos que había logrado instalar en la población. Denunció el rol que jugaron la escuela y la prensa en difundir prejuicios contra los campesinos del sur (Mezzogiorno). Este prejuicio había calado hondo incluso entre los obreros del norte que veían con malos ojos la unidad popular con el mezzogiorno. La hegemonía cultural de la burguesía italiana impedía la unidad del pueblo y al mismo tiempo otorgaba legitimidad a su gobierno. “El poder es un centauro: mitad coerción, mitad legitimidad” explicaba Gramsci.

Aterrizando en Paraguay, gracias al concepto de hegemonía podemos comprender la relevancia de sucesos históricos que siguen influyendo en la actualidad. En el 47 los opositores al régimen colorado perdieron la revolución. Cuando algo así sucede –perder una guerra civil– la hegemonía cultural del ganador se impone en la sociedad y se proyecta a las nuevas generaciones. Esto quiere decir que la idea de nación, los valores, el sentido común hegemónico en la sociedad serán los del ganador; en nuestro caso, el coloradismo. La dictadura de Stroessner reforzó esta hegemonía cultural agregándole sus propios ingredientes. Entre los más notables, la centralización del poder representado en el culto a la personalidad que significó la intolerancia ante cualquier tipo de disidencia, basado en el anti comunismo.

Los años de la “transición democrática” demostraron –mediante todas las elecciones– que la hegemonía colorada seguía gozando de buena salud. Con excepción del candidato Domingo Laíno, nunca se vio realmente en peligro. Esta hegemonía explica también –en gran medida– por qué el Partido Comunista nunca se recuperó del todo hasta hoy en día. Curiosamente, las expresiones de izquierda que sí crecieron –y llegaron a ganar elecciones– fueron aquellas vinculadas a la palabra socialismo. En algunos casos ni siquiera fue necesario nombrar a las agrupaciones como propiamente socialistas. Tal es el caso de la socialdemocracia con “Asunción para todos” y la Federación Nacional Campesina vinculada al Partido Paraguay Pyahurã. En términos de marketing político –y teniendo en cuenta la hegemonía colorada– son nombres más digeribles para la sociedad paraguaya. Decisiones acertadas que sirvieron para acumular en el campo y para ganar en la ciudad.

El poder real en Paraguay

Para el fallecido sociólogo Tomas Palau existen cuatro grupos de poder en Paraguay, el «poder real»:

  • La oligarquía terrateniente (ganaderos, sojeros, especuladores de tierra)
  • Los narcos (tráfico y producción de marihuana y cocaína)
  • Los empresarios que acumularon riquezas gracias a la dictadura (empresas de exportación e importación, contratos de obras públicas, medios de comunicación, evasión, mercachifles)
  • Y, finalmente, el actor más poderoso del país y la región: La Embajada norteamericana (representa y defiende el patrimonio de las grandes empresas transnacionales, Monsanto y Cargill, tiene a su servicio a los organismos multilaterales, FMI, BM, BID –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo, respectivamente– para dominar la economía de la región).

Con la victoria de Fernando Lugo en el 2008 se presentaron dos problemas para la hegemonía colorada: la gratuidad de la salud y los programas de transferencias condicionadas –Tekoporã y Adultos Mayores–. Ambos cayeron de maravillas en la población que sufrió por décadas la postergación de sus derechos básicos. Los programas Tekoporã y de Adultos Mayores arrancaron con el gobierno anterior, y en la era Lugo se despartidizaron y alcanzaron a mayor cantidad de beneficiarios. Esto alertó a los grupos de poder y a los liberales que corrían el riesgo de perder su sitio como principal fuerza opositora en el corto y mediano plazo. La respuesta no se hizo esperar. Desde el Senado recortaron los fondos sociales del Gabinete Social del Ejecutivo. Lugo recibió ataques desde el empresariado (grupo Zucolillo) y los terratenientes (Asociación Rural del Paraguay o ARP, Unión de Gremios de la Producción o UGP), y el Partido Colorado decidió impulsar el juicio político en diciembre del 2009.

Pero en el mes de agosto del 2010 fue cuando el gobierno de Lugo firmó su acta de defunción definitiva. El algodón transgénico -propiedad de Monsanto- ingresó al país ilegalmente y se lo comenzó a plantar en los departamentos fronterizos con el Brasil.

El ministro del SENAVE (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas), Miguel Lovera, cometió el pecado de intervenir esas plantaciones y quemarlas. Y continuó haciéndolo durante los siguientes años. Con estas acciones el gobierno de Lugo se enfrentó al sector más poderoso del país. En julio del 2011, Enzo Cardozo, titular del MAG (Ministerio de Agricultura y Ganadería) cambió un reglamento interno y mediante una resolución facultó a la institución para aprobar las semillas transgénicas sin necesidad de dictámenes del Ministerio de Salud. Monsanto aumentó la presión para la legalización de sus semillas mientras la ARP y la UGP pedían la cabeza de Lovera en editoriales del diario ABC Color. Meses después, la masacre de Curuguaty fue la excusa perfecta para activar el juicio político y desalojar a Lugo.

La gran estafa de Cartes

Cartes prometió estabilidad a los grupos de poder, todos seguirían con sus negocios sin preocupaciones. Se aniquilaría a los extremistas del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) mientras los inversionistas extranjeros harían cola para entrar a hacer negocios en Paraguay. Para hacer efectivo este proceso se combatiría el atrasado aparato estatal con sus funcionarios inservibles y se los remplazaría por tecnócratas eficientes. Influidos por un insensato y anacrónico prejuicio hacia la izquierda, los grupos económicos mordieron el anzuelo. Esto explica la constelación de periodistas que –antes y después de las elecciones– ayudaron a blanquear el pasado oscuro de Cartes y permitieron que su relato se instalara en la sociedad. El argumento era: “Cometió errores, pero es un empresario trabajador y exitoso, hay que darle una oportunidad”.

Cartes en entrevista con Mina Feliciángeli. Foto: Última Hora.

Cartes en entrevista con Mina Feliciángeli. Foto: Última Hora.

Con el pasar de los años Cartes evidenció su verdadero proyecto. Gerentes de sus empresas tomaron el Estado bajando línea en el Congreso, movió influencias en la Justicia al tiempo que sus estancias se multiplicaban e importantes medios de comunicación pasaban a manos de su hermana. En tanto el EPP aumentó su actividad delictiva, los millones de inversión en las Fuerzas de Tarea Conjunta (FTC) no se justificaban y los ciudadanos despertamos a una cruda realidad: mientras las escuelas seguían cayendo, nos dimos cuenta de que estábamos en el medio de una sangrienta guerra de narcos sin precedentes en nuestra historia.

Reiteremos: Su concentración de poder se basó en copar los poderes del Estado. Esto aceleró el crecimiento de sus estancias, de sus medios de comunicación, y liberó de presiones sus “negocios de exportación”. ¡El Estado al servicio de un grupo económico y sin competencia leal! ¡Un sueño hecho realidad! Pero qué amigo tan desleal fue Horacio Cartes. No solo no repartió la torta, sino que no dejó caer ninguna migaja y para colmo golpeó a sus antiguos aliados con la única lógica que conoce: la del patrón.

Indignados los grupos económicos iniciaron el contraataque antes de que el nuevo tirano acumulara más poder y los aplastara definitivamente. Y las estrellas del periodismo nacional salieron a buscar la absolución frente a la ciudadanía: “Yo creí en Cartes, voté por él y me engañó”.

¿Declaramos so’o las elecciones del 2018 o sirve para algo nuestro voto?

Esto es lo peligroso, un sector de la ciudadanía está declarando so’o las elecciones, creyendo que su voto no sirve para nada. ¡Y no es así! Quien piensa que el voto no sirve le hace un gran favor a la hegemonía colorada. Pongamos un ejemplo. Si un conocido abusador te está violentando y dejás de defenderte porque pensás que ya no vale la pena, que de todas maneras él es más fuerte, esto no significa que el atacante dejará de agredirte. Por el contrario, si es un conocido abusador seguirá golpeándote e incluso puede llegar a matarte. Lo mismo pasa en la política. Si uno deja de votar, o votás en blanco, el abusivo y monstruoso aparato del Partido Colorado volverá a ganar las elecciones y seguirá golpeando a la ciudadanía desde el Estado “y gracias a nuestros impuestos”.

Por eso la tarea que tenemos como ciudadanos es ponerle un alto a la hegemonía colorada, castigarlos en las urnas. Desde Calé Galaverna, pasando por Marito hasta el último seccionalero son responsables de este monstruo llamado Horacio Cartes. ¡Todos deben ser castigados! Utilizar el voto para castigar a los colorados es una forma “concreta” de devolverle el poder al pueblo en estos momentos. El sentimiento de indignación y rabia debe ser combinado con astucia, con inteligencia para que surta efecto. Los pueblos que combinaron indignación con inteligencia generaron grandes cambios en el “mundo actual”. Ese es el gran ejemplo de Islandia, Finlandia y Portugal.

¿En la oposición paraguaya se encuentran el arca de la alianza, los ángeles celestiales y los revolucionarios de octubre? ¡Por supuesto que no! La política se juega en las condiciones y posibilidades de la vida real. Por eso en la balanza deben ponerse datos reales para comprender lo que está en juego e identificar lo más beneficioso para la mayoría. Tres ejemplos concretos: Con el anterior gobierno de oposición la ciudadanía consiguió la gratuidad de la salud, ampliación de las transferencias condicionadas (Tekoporã y Adultos Mayores) y soberanía en Itaipú; gracias a esto el Paraguay obtuvo logros impensables como la línea de 500 kV sin ningún costo para nuestro país y la triplicación de la compensación por cesión de energía. Sin esto último, fondos como el FONACIDE y BECAL serían imposibles hoy día.

Y con los anteriores gobiernos colorados, bueno, ya todos conocemos esa historia y nuestra realidad actual es bastante ilustrativa. En todo caso las elecciones del 2018 tendrán una importancia transcendental. Tu voto –aunque sea en blanco- decidirá si la hegemonía colorada seguirá empeorando nuestro destrozado país. O si se dará a la oposición la oportunidad de retomar la senda democrática iniciada en el 2008.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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