Venezuela: ¿Escasez o irregularidad en la distribución?

Venezuela: ¿Escasez o irregularidad en la distribución?
Las largas colas ante los supermercados en Venezuela son una constante. Foto: https://www.lapatilla.com

Por Joaquín Sostoa.

Segunda entrega del especial sobre la economía venezolana. En el pasado artículo analizamos los motivos inflacionarios, esta vez desmentiremos mitos y leyendas sobre las causas de la mal llamada escasez, examinando datos oficiales.

Advierto primero que este artículo es un resumen con mucho menos tecnicismo de ciertos aspectos del libro de Pasqualina Curcio “La mano visible del mercado” acompañado de mis palabras. Creí necesario escribirlo en un lenguaje más ameno en forma de artículo para su posterior difusión y herramienta intelectual. Se pueden ver los textos originales con más datos en el link abajo. [1]

Esta es la segunda entrega del especial sobre la economía venezolana. En el pasado artículo analizamos los motivos inflacionarios, esta vez es momento de desmentir mitos y leyendas sobre las causas de la mal llamada escasez, examinando datos oficiales.

La hegemonía del pensamiento único justifica el problema de la escasez con un motivo divino y casi teológico; “la distorsión del libre mercado”, como si el libre mercado existiese en algún lugar recóndito de este mundo. Lo que sí existe es un mercado, y completamente concentrado. En este planeta, 147 empresas controlan el 40% de la economía mundial. Esto permite casi total control sobre los precios de parte de las corporaciones y rompe totalmente el supuesto de competencia perfecta que permitiría el juego libre entre la oferta y la demanda. La idea liberal se resume en una sola frase:

“El Estado ineficiente ha impuesto tantas trabas al libre funcionamiento de las fuerzas del mercado (específicamente a los precios) que provocó escasez”. Afirma que al no liberar el funcionamiento de precios, y regularlo de alguna manera, la demanda superará a la oferta  y como no se podrá subir el precio para cubrir los costos de producción, no se generará incentivos para mayor producción. Resultado: escasez. Demostraremos que este argumento es falaz y no se sostiene con la realidad.

La concentración de la producción no es diferente en Venezuela, por ejemplo; solamente el 3% de las empresas totales son importadoras, y por lo tanto, también son las únicas que  reciben divisas diferenciadas. Este pequeño grupo tiene tal poder económico capaz de controlar los precios del total de las importaciones que son el 35% del Producto Interno Bruto (PIB).  El gran poder del emporio venezolano permite, entre otras cosas, la distorsión en los canales de distribución de los principales alimentos, incluso de aquellos que no tienen regulación alguna.

Manipulación de los mecanismos de distribución de bienes esenciales

Habíamos mencionado que otro de los argumentos falaces y neoliberales ha sido el de las regulaciones a los precios. Según su lógica, todo precio límite ocasiona escasez o reducción de la producción por no generar lo suficiente para cubrir el costo de producción, y suponemos que si no hay un beneficio el empresario no producirá. Buena deducción, pero esto solo sería válido si en el mercado existiera competencia perfecta. Para eso necesitamos un gran número de oferentes y demandantes, información perfecta y que nadie tenga poder sobre los precios. En el mundo real, la información está lejos de ser perfecta y solo existen unos pocos oferentes. Vivimos en un mundo oligopólico, y por eso hasta grandes intelectuales liberales aceptan la regulación de precios. El mercado por sí solo no obtiene resultados eficientes para la sociedad, la intervención con fines dirigidos hacia el bien común está más que justificada.

Venezuela no es la excepción. Para empezar veremos cómo los momentos más notorios de desabastecimientos coincidieron con épocas electorales o conflictos políticos.

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Entonces, concluimos que hay una alta relación de la escasez con situaciones políticas. De forma contraria, veremos que no tiene ningún tipo de relación con la producción ni con las importaciones, y que es por eso que no puede ser llamada escasez. Estas dos variables se han mantenido constantes desde el 2003 (momento en que empieza la regulación de precios). El fenómeno está asociado entonces con la colocación irregular de los bienes en las góndolas, de manera no suficiente e inoportuna.

Los bienes, con todos los problemas que existen para que lleguen al consumidor, han sido vendidos y consumidos. Es por eso que no es escasez, estos recursos se producen e incluso se consumen. Las empresas no han visto afectadas sus ganancias aún con la manipulación en los canales de distribución. Ellas solo venden con otras prácticas.

A manera de ejemplo, en el Gráfico 2 se muestra el nivel de consumo de uno de los alimentos que ha generado mayor dificultad para el acceso, especialmente a partir de 2013. Además se trata del alimento que más consume el venezolano diariamente, la harina de maíz precocida.

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Si el consumo se mantuvo constante durante todos estos años es porque los bienes se han producido o importado, y aunque esto sea una obviedad, lo que no se produce no se puede consumir. Es por eso que no hay escasez, hay irregularidades en la distribución.

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En el Gráfico 3 se presenta el nivel de producción de harina de maíz marca Polar desde 2012 (Corporación venezolana que cuenta con el 50% del mercado). Esta se mantuvo constante hasta en los momentos de menor producción. Esto nos confirma que la causa del desabastecimiento no es la producción. Aparte, tampoco han cerrado fábricas que puedan disminuir considerablemente el nivel de la producción, como sí está ocurriendo en Argentina.

Lo mismo ocurrió con la carne de pollo y de vaca, café, azúcar, arroz, aceite de maíz, pastas y leche. Incluso, el consumo en 2015 fue de 3.092 kilocalorías diarias por persona y en 2012, de 3.097. Niveles muy superiores a los mínimos establecidos de seguridad alimentaria por la FAO (Organismo de Naciones Unidas para la Alimentación y Nutrición).

Entonces, cabe preguntarse qué está ocurriendo entre la producción y el consumo, por qué la distribución hace que sea tan difícil de acceder a los productos. Por otra parte, existen alimentos cuyos precios no se encuentran regulados por el Estado, y sin embargo escasean, tal es el caso por ejemplo de las leguminosas, específicamente las caraotas, o la margarina. En síntesis, no hay relación alguna del desabastecimiento con la regulación de precios. Tampoco existe relación del difícil acceso a los bienes con la producción, pues aunque estos sean complicados de adquirir la producción se mantiene.

Los productos que escasean tienen características comunes. Entre ellas, todos son de alta necesidad para el venezolano, todas son producidas y distribuidas por un puñado de empresas y todas son, también, no perecederas o fáciles de conservar.

Es la alteración de los mecanismos de distribución y suministro lo que está generando el hecho de que los bienes producidos no se encuentren en las cantidades necesarias y en el momento indicado en los anaqueles. Es por tal motivo que en estos momentos la solución del desabastecimiento no pasa por el ajuste o incremento de los precios, mucho menos por su liberación.

Estas son pruebas y motivos más que suficientes de que lo que está pasando en Venezuela no ocurre por la mano dura y castigadora del mercado, por no respetar sus leyes divinas, sino que son políticas intencionadas de sectores de la economía venezolana. Es, en parte, una guerra económica. Sus causas, políticas.

 


[1] Pasqualina Curcio es Economista venezolana y Doctora en Ciencias Políticas. Textos originales en http://www.15yultimo.com/2016/11/09/la-mano-visible-del-mercado-por-pasqualina-curcio-curcio/

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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