Editorial | Las lecciones de FIUNA para toda la comunidad universitaria

Editorial | Las lecciones de FIUNA para toda la comunidad universitaria

Que iban a perder un semestre sin razón. Que iban a agotar sus fuerzas en una lucha que estaba perdida desde un principio. Haraganes, no quieren estudiar, un buen estudiante no hace esas cosas. No hicieron caso a todos aquellos argumentos desmovilizadores y resistieron: hoy nos demuestran que sí se puede.

En el 2015 comenzó una nueva etapa en la Universidad Nacional de Asunción. El descontento estudiantil que venía de años atrás debido a casos de corrupción, de injerencia partidaria, de retorno de prácticas autoritarias en las diferentes unidades académicas se materializó en las manifestaciones de #UNANoTeCalles, movilización que trascendió las murallas de la UNA y se replicó en otras universidades e instituciones públicas del país. Incluso llegó a la prensa internacional.

Aquella primavera, la presión estudiantil logró la renuncia de Froilán Peralta, el entonces rector salpicado por hechos de corrupción que habían salido a la luz. Se inició una gran movilización para dejar al descubierto cientos de casos de corrupción que involucraban a autoridades de todas las facultades. Pero, como todo proceso que se fue haciendo por el camino, con errores y aciertos, la lucha fue perdiendo fuerzas y las movilizaciones concluyeron antes de obtener más logros concretos. Sin embargo, se había logrado algo que iba a marcar el devenir de las organizaciones estudiantiles: el despertar de conciencia de cientos de universitarios, jóvenes nacidos en democracia que habían entendido que esta es algo que se conquista y se cuida, no un regalo.

Es importante recordar también a los secundarios que ese mismo año, luego de meses de articulación entre estudiantes de diferentes colegios, llevaron a cabo la Marcha Nacional de Colegios Públicos y Privados con siete demandas claras, la cual desembocó en la renuncia de Marta Lafuente, entonces Ministra de Educación. Si bien las otras demandas no fueron correctamente atendidas, lo que se ganó en conciencia estudiantil es incalculable. Ese es el más importante logro de todas estas movilizaciones.

El 2016 comenzó con muchos de aquellos estudiantes secundarios, recién iniciados en la militancia estudiantil, incorporados al gremio universitario. Una inyección de fuerza a las filas universitarias que, sumada a la madurez alcanzada por el gremio y a la rabia acumulada ante tanta corrupción descarada, se tradujo en un hecho sin precedentes en la historia de la educación paraguaya: el paro de las doce unidades académicas de la UNA. El mensaje era claro; los estudiantes habían comprendido su responsabilidad histórica.

Quienes mejor lo comprendieron fueron los alumnos de FIUNA. Conscientes no solo de su fuerza, sino de que las conquistas como estas conllevan sacrificios, se reafirmaron en su lucha y no iban a claudicar en ello. Se embanderaron con la consigna de hacer renunciar a su (hoy ex) decano Ever Cabrera. Cuando en todas las demás unidades no se pudieron sostener los paros, ellos crecían en fuerza: sus padres comprendieron que el “no te metas” que había marcado a su generación ya no iba a detener a sus hijos. Los egresados no docentes comprendieron que debían acompañar esta lucha (recordar la renuncia en bloque de 56 ayudantes de cátedra). Los docentes del paro no se dejaron amedrentar.

168 días pasaron y todos observábamos con cada vez más asombro su entereza y persistencia, hasta que sucedió lo que otrora parecía imposible: Cabrera, la cara más visible de una clase politiquera y no académica, fue separado de su cargo de decano, de la dirección del INTN e inhabilitado para la función pública. Esta victoria abrió las puertas a que se profundizara un proceso de democratización de la Facultad que se tradujo en la victoria del sector opositor por sobre la “tierna podredumbre” en los tres estamentos para ocupar el Consejo Directivo. La lucha había alcanzado su punto culminante.

Hoy no quedan dudas, el movimiento estudiantil es la fuerza que impulsa estos cambios: la organización estudiantil permitió que se pudiera quebrar con una estructura enorme. Toca a los estudiantes de las demás unidades comprender que sobre nuestros hombros cae el peso de que esta democratización universitaria no se detenga, nosotros somos los sujetos de cambio. El estudiantado tiene la tarea de guiar esta lucha y los demás estamentos tienen el compromiso de sumarse. Los docentes, que hoy siguen siendo mayoría en los órganos de gobierno universitario, deben comprender que no pueden permanecer ajenos a este proceso.

Perdieron un semestre, es cierto. Pero saben que lo que ganaron vale mucho, mucho más que seis meses de clase. Hoy FIUNA es el paradigma de la lucha universitaria.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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