#MarchaCampesina: sueños truncados, una vida de lucha

#MarchaCampesina: sueños truncados, una vida de lucha
Gregorio Echeverría es uno de los miles de campesinos acampando en la Plaza de Armas.

Colectivo #EnSusZapatos

La historia de Gregorio nos muestra la dura realidad que viven cientos de familias campesinas: la ausencia del Estado, o su presencia ineficiente, a medias, la especulación con los precios de sus productos, la incertidumbre de vivir en un país pensado solo para unos pocos, se traducen en una realidad que desde la ciudad muchas veces cuesta comprender. Por eso hoy traemos su relato, necesario y hasta urgente, para conocerlo y poder ponernos #EnSusZapatos.

Gregorio Echeverría es de Itapúa. Es padre de 5 hijos varones que a su vez ya tienen sus familias. Cuenta que sus hijos crecieron y fueron haciendo su espacio en su terreno de diez hectáreas, trabajando juntos. Con su familia, se dedica a dos rubros: verduras y producción de leche.

¿Cómo alimentar 30 lecheras en un terreno de diez hectáreas donde viven 6 familias?

Ahora mismo, la principal fuente de trabajo de él y las familias de sus hijos es un tambo con 30 lecheras. Afirma que para dar un alimento que les dé los nutrientes a las vacas para que tengan suficiente leche es necesario hacer “ensilaje”.

¿Qué es “ensilaje” y para qué sirve?

Gregorio nos explica lo que quiere decir "ensilaje".

Gregorio nos explica lo que quiere decir “ensilaje”.

“Para dar de comer a 30 lecheras necesitás entre 75 u 80 mil kilos de ensilaje. Para hacer ensilaje necesitás maíz y sorgo. Nosotros sembramos el maíz y cuando empieza a madurar, la semilla se pone dura, antes de que muera la planta, entonces arrancás la planta entera y la metés en una máquina para molinar completamente. Lo mezclás con sorgo. Luego metés en un pozo, aplastás y después tapás con una carpa. Desde los 15 o 22 días ya puede comer el animal. Durante ese tiempo en el pozo fermenta y se convierte en un alimento de verde a amarillo puro, con un olor que atrae a las vacas”, cuenta. Gregorio está en la plaza, en la #MarchaCampesina. “Estoy aquí por mis hijos”, dice.

Dos de sus hijos sacaron dinero para hacer el invernadero, tener un sistema de riego, y cada uno se endeudó por 20 millones. Pero sus productos no salieron bien y no pudieron pagar sus cuentas. Se fueron a Argentina.

“Uno de mis hijos que fue a la Argentina tiene 27 años, se fue con su esposa y su hijo que tiene 2 años. El otro tiene 24 años, se fue también con su esposa y una hijita. Cada uno debe aproximadamente 20 millones, porque para plantar tomate cada uno hizo un invernadero, luego las plantas enfermaron y murieron. No tuvimos una asistencia técnica adecuada. En estos últimos tiempos vino la tormenta y nos agarró y echó todo nuestro invernadero. Tenemos 18 invernaderos con sistema de riego completo y para abonar también tenemos de primera calidad. Para eso debimos en la financiera y en el Crédito Agrícola. Mis hijos se fueron para trabajar en electricidad a la Argentina y cuando llegaron se cambió el gobierno y perdieron ese trabajo. Ahora apenas están salvando para comer con dos o tres días a la semana con changas”, admite.

“Como padres, nosotros deseamos lo mejor a nuestros hijos. Por eso yo estoy luchando también aquí. Por ellos yo estoy aquí. Mis otros tres hijos se quedaron a cuidar los animales. Ahora uno de mis hijos me llamó y me dijo ‘¿Qué vamos a hacer?, porque con la helada se fundió el pasto, el “camerún”, la caña dulce’. La avena que habíamos plantado en este invierno no creció por la sequía”.

Gregorio está desesperado. Son 6 familias. Vender las vacas es perderlo todo y dejar de producir.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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