¿Cómo es que no vemos que vienen por nosotros?

¿Cómo es que no vemos que vienen por nosotros?

Opinión. Por Camilo Gauto

Olvidar que la presente sociedad paraguaya tiene sus cimientos y su actualidad en la persecución y la violencia es un error que nos puede costar muy caro, a la gente de bien. Ni siquiera hemos terminado de comprender que es lo que nos sucede, porque entre la confusión, la nostalgia, el miedo y la desesperanza se nos nubló el horizonte de aquel sueño democrático.

Pasan los días y las noticias de los monopolios mediáticos, están sobresaturadas de odio, persecución e impotencia nuestra. Hace poco se rememoraba un año de aquella sentencia injusta hacia los campesinos de Curuguaty, que los condenaba al margen de toda ley y del supuesto Estado Social de Derecho. Un grupo empresarial con enorme influencia política, económica e ideológica se hizo con el despliegue del poder público y ordena el asesinato del joven liberal en aquella noche del 31 de marzo. Posterior a eso, el Ministerio Público (privado en realidad e inquisitivo) comienza una cacería selectiva que termina con la orden de meter a Stiben Patrón tras las rejas.

A la par de todo esto, muchas irregularidades de sectores de poder no investigadas (licitaciones, negociados, contrabando) que lógicamente no figuran en la agenda del Ministerio Privado del grupo Cartes. Quien haya creído que el presidente actual llegó para solucionarnos la vida es porque no ha entendido nada, o quizás no quiso entender cuando se decía a gritos en el 2012 que estábamos frente a un golpe. En aquella ocasión, los grandes defensores actuales de la democracia crearon un monstruo, que hoy les persigue. El experimento no les salió bien, hoy su Frankenstein les sigue los pasos. Lo malo es que a nosotros también nos (per)sigue.

La guerra frontal por el poder hoy se recrudece y somos testigos de un enfrentamiento entre fracciones de las clases dominantes, Zucolillo, Vierci y otros empresarios contra el cartismo. Ambos grupos luchan por sus intereses particulares, nunca pensaron en las grandes mayorías, sino en aumentar sus ganancias. ¿Es posible entonces, que reivindicando la democracia, sigamos los pasos de esta lucha entre los poderosos? No es una opción.

Cuando el campesino sale a reclamar una reivindicación, todos los medios corporativos se unifican para criminalizarles y lo peor que hacen, ponen a enfrentar al trabajador de pie con los que se atreven a levantar la voz. ¿Cómo es posible que se dé esto? Ya bien lo rescataba el presidente Correa de un escritor argentino, esto se conoce como el síndrome de Doña Florinda, ese intento de ser clase media o ir más allá despreciando al de al lado o el que tiene un poco menos de suerte y que no le alcanza para vivir o “no pagó la renta”. Por supuesto Don Barriga contento y brincando se llenaba la maleta, mientras el pobre Chavo y Don Ramón sólo recibían insultos despectivos porque eran la “chusma del barrio”. ¿Les suena esa historia? Mucho asunceno infestado con el síndrome, donde el prójimo o el que no tuvo las mismas posibilidades se convierte como por arte de magia en “haragán”. Las ironías y cosas llamativas de la vida.

Este fenómeno Boaventura de Souza Santos lo llamó “fascismo social”: el odio del penúltimo hacia los últimos y viceversa. Mientras el sojero, el ganadero, los tabacaleros, grandes empresarios, los propietarios de los medios, inversionistas y otros personajes no pagan impuestos, reciben beneficios, destruyen la naturaleza, despiden a trabajadores, expulsan campesinos de sus tierras y nos condenan a que nos peleemos por las migajas en el “vecindario”. ¿Cómo es que no despertamos?

Como si no fuera suficiente, la destitución del profesor Galeano de la Universidad Católica, el despido injustificado de varios periodistas, la censura en los colegios, la represión continúa en el campo, la persecución a todo aquello que se presente como diferente, configuran el espectro que se cierne sobre la sociedad paraguaya. ¿Es que nadie se da cuenta que vendrán por todos nosotros? ¿Qué más tiene que pasar? Con el respeto y la admiración que se merecen, ¿Cuándo la intelectualidad paraguaya dejara de lado la borrachera del relato de “la transición a la democracia”?

Cada vez que se menciona “transición a la democracia” se eleva la cifra de niños en situación de pobreza, se expulsan campesinos de las tierras, se despiden periodistas, se censuran miles de ideas. Si la intelectualidad paraguaya, es la que construye el relato, el consenso, cierta parte de la ideología, o ese sentido común que debería servir como trinchera a las mayorías sociales, ¿Cuándo se atreverá a decir, hasta aquí llegaron? En los momentos difíciles es donde hay que tomar partido.

La violencia del narcotráfico, el aumento de la pobreza y la desigualdad hacen añicos todos los deseos de seguir creyendo en lo que existe, en esta “transición a la democracia”. Hay que pensar y trabajar en una alternativa, ¿con miras al 2018? No sé. ¿Con miras a ganar el país y construir hegemonía? Sí. No se puede concebir el quedarse cruzados de brazos exclamando ¡No hay alternativa! Porque decir eso, equivale a ser un buen aprendiz del thatcherismo, ese monstruo ingles que destruyó a los sindicatos con su famosa exclamación ¡There is no alternative! (No hay alternativa)

Decir todo esto, no tiene mucho sentido si no va acompañado de una profunda autocrítica. Como gente de bien, fuerzas democráticas, y personas de pie que todavía sueñan con un futuro para el país, debemos aprender del pasado y de los errores. Y entender que sin solidaridad, fraternidad, compañerismo no vamos a llegar a ningún lado. Quizás cuando lo entendamos y lo practiquemos asumiendo (no olvidando) nuestras diferencias, capaz ya sea demasiado tarde. Como decía Bertolt Brecht “cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”.Entonces es necesario comenzar a decir la verdad, para que despertemos.

El futuro no es prometedor pero el balón siempre está en la cancha, todo apunta a que el 2018 será una pulseada entre el pasado oscuro stronista y el futuro entreguista cartista. Y nosotros, ¿Qué proponemos?

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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