El Apocalipsis débil

El Apocalipsis débil

Por José Bueno Villafañe

Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos. El narcotráfico es el rey de Latinoamérica. Los neo nazis compiten en Europa por los más altos cargos políticos. Corea del Norte prueba y amenaza con sus bombas de hidrógeno. Estados Unidos contesta con que destruirá a Corea del Norte, por la democracia y con bombas. Los huracanes arrasan ciudades, países enteros. El hambre, continentes enteros. La gente se vuelve loca y mata gente, aparentemente, porque sí. Las epidemias del siglo XXI son el stress, la depresión, el suicidio. El 1% de la población de la Tierra posee el mismo capital que el 99% restante. Estos últimos, no hacen nada para que eso cambie.

            Todos los arriba citados son hechos. No hay interpretaciones. Difícilmente, un Nietzsche resucitado podría hacer más que confirmar la excepción a su regla. “Dios ha muerto” dijo, refiriéndose a la época que le tocó vivir. ¿Dónde está Dios en la nuestra?

            La tentación de todos los ensayistas es encuadrar a su época como una crítica para la humanidad. Quizás, estoy incurriendo en ese error. Pero quizás no. Según Slavoj Zizek, citadísimo filósofo, vivimos en tiempos críticos, en los cuales los fenómenos mundiales nos llevan a racionalizar lo irracional, a ser irresponsables ante la mayor responsabilidad: pensar y actuar para salvar todo lo común de la humanidad. Ese commons que el considera vital y hace que el se autodenomine comunista.

            En una conferencia en Bloomsbury, Inglaterra, pisando las cenizas de la crisis del 2008, Zizek habla de Gianni Vattimo y un “Apocalípsis débil”. Dicha catástrofe no es otra cosa que los cambios aceleradísimos de los últimos años, ante los cuales los poderes de la Tierra no tienen una respuesta. O no quieren tenerla. Todos los esfuerzos de cierta burguesía por mantener al sistema funcionando, más allá de sus disturbios estructuralmente necesarios1, han resultado insuficientes, o algo por el estilo. Los políticos correctos con el ambiente, la sociedad y la globalización pierden terreno ante adversarios que se burlan de ellos. Antes, dichas bromas eran marginales. Ahora, se escuchan desde asientos parlamentarios y sedes ejecutivas.

            Pero el Apocalipsis débil no termina aquí: en su análisis, Zizek habla del clima, la biogenética y la propiedad intelectual. El presente sistema no tiene respuestas para ninguno de estos temas. El mayor de los países industriales está en contra de las normas ambientales. La naturaleza le devuelve la cachetada con destrucción y millones de dólares en pérdidas. La biogenética es un juguete peligroso, manejado por los chinos hace un tiempo. En sus laboratorios, podrán crear a seres superiores, con cuerpos y mentes tan espectaculares como el bolsillo de sus clientes. La dominación puede no ser solo cultural, material o económica. Puede abarcarlo todo.

            La propiedad intelectual es un gran terreno de batalla. Las grandes compañías, agazapadas, captan las tendencias populares y las empaquetan para venderlas. En este proceso, alguna o buena parte de su contenido popular debe ser borrado. Pero la resistencia es fuerte. Y hasta ahora, no hay una respuesta efectiva. De allí que los estudios culturales y de las ideas sean tan prolíficos y la importancia del poder mediático, vital.

            Que Trump sea presidente nos enseña varias cosas. Una de ellas, que la totalidad del America First deshecha la otredad de los latinos, árabes, rusos, orientales. Emmanuel Levinas tendría mucho que decir. Otra, que toda la potencia de Silicon Valley y The Mass Media a veces es insuficiente. Lastimosamente, tuvo que pasar esto para darnos cuenta. Es esto lo que nos quiere decir Zizek con la debilidad del actual Apocalípsis: más allá de la alienación, es la humanidad la que trajo, según él, al mundo ante una situación de “punto cero”2. En teoría, la humanidad puede trabajar en des hacer lo que hizo. ¿Podemos?

            No será fácil: la izquierda está en un retroceso grave. En Latinoamérica, en Europa. Quizás no tanto en Estados Unidos. Capaz Inglaterra nos muestra una sorpresa. Esta esperanza de una izquierda fuerte no es solo por simpatizar con ella, sino porque, como el buen Slavoj dijo: “formamos parte de su propio sistema. Sólo nosotros podemos salvarlos”. En particular, no sé si quisiera salvar a quienes causaron todos los problemas. Sí quiero que se salve la gente. Que nos salvemos. Hagámoslo, antes de que el Apocalípsis deje de ser débil.

 

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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