Lo familiar y lo extraño

Lo familiar y lo extraño
Una de las tantas conversaciones en la red social "whatsApp", en contra de la medida de fuerza adoptada por estudiantes de la Escuela de Ciencias Sociales y Políticas - UNA

Por José Bueno Villafañe

Los descubrimientos tardíos pueden ser muy satisfactorios. Por fin, vi el programa de Pablo Iglesias “Una vuelta de tuerca”, donde entrevista al sicoanalista e intelectual argentino Jorge Alemán. El invitado habló de su —muy interesante— trabajo sobre la subjetividad producida por el neoliberalismo y cómo pensar en una distinta.

            Durante la entrevista, Iglesias le pregunta sobre Podemos, partido del que él es el máximo referente.  En su análisis, Alemán rescata una palabra en idioma germano que, traducida al español, se refiere a lo, a su vez, familiar y extraño. Dicho significado provoca una conceptualización como: “Ustedes (los de Podemos) son lo familiar y lo extraño. Son unos tipos raros que en realidad estuvieron presentes en la historia española, pero que alguien se encargó de borrarlos. Y, ahora, cuando vuelven a aparecer, generan una reacción fuerte…”.

            Quizás lo dicho pueda explicar la violencia utilizada por el gobierno español contra los independentistas de Cataluña. Quizás, la teorización de Alemán pueda explicar mucha de la violencia en todo el mundo, hacia lo visto como extraño, diferente, raro. Como un “otro” desposeído de reconocimiento alguno —más que “ese no soy yo”—, inmerecido de prioridad. De esto se trata, parece, la producción de la subjetividad neoliberal: cada sujeto vea al otro como algo sobre lo que el “yo” prevalece siempre.

            Traigamos esto a Paraguay. En las últimas semanas (podríamos hablar de los últimos años) la violencia hacia aquellos que no son buenos ciudadanos, trabajadores, católicos, papá/mamá, estoicos, heterosexuales, comedores de carne y bebedores de cerveza son vistos —y tratados— como unos extraños. Son “otros” sin más espacio que el brindado por la vida. El desconocimiento de lo diferente, sea ello mayoría o minoría, es antidemocrático. O, mejor dicho, representa una cultura antidemocrática, no superada en casi treinta años sin dictadura militar.

            Igual que en aquellos tiempos, el cuestionador de ese orden establecido es atacado —por los más radicales conservadores— con los dos adjetivos que encierran a la extrañeza total: zurdo puto. “Nena” o “nenita” son otras dos palabras utilizadas para despreciar  en esta nuestra sociedad cultora de las madres. “Paz y progreso” era el lema de aquellos  tiempos anhelados conscientemente por algunos. Por otros, viene la reproducción inconsciente de esta contradicción, al amenazar con garrotear, quemar, demandar. Eliminan así la paz que dicen defender. Pregúntenles a los estudiantes de la Escuela de Ciencias Sociales, a Luis Bareiro, a los campesinos y a los chicos que tomaron la UCA.

            ¿Por qué son tan “otros”, tan extraños, quienes no sean “yo”? ¿Será que la familiaridad de posturas contra el orden establecido asusta? Nuestra historia está cruzada por tragedias, así como por personas que levantaron su voz contra ellas. Que se rebelaron. Y por ello pagaron el precio de ser atacados en vida y ninguneados en la muerte. ¿O cómo se entiende la ausencia de los textos de Rafael Barret en los programas de literatura en los centros educativos del país?

            “Otros” somos quienes, desde nuestras distintas capacidades y energías, levantamos la voz contra la desigualdad y la discriminación. Sin embargo, recordemos que, además, somos bastante familiares. Estamos al lado de usted, señora, señor, en el colectivo, en los bares, calles y eventos. Lo diferente no son nuestros sufrimientos, sí nuestra postura ante ellos: una postura combativa.

            Para combatir y vencer, dependemos de una conciencia del “ñande” rompedora de la dictadura de lo Uno: aquella que tiene sumido al Paraguay en la miseria hace sesenta años, o más de un siglo de tiempo atrás. Y no: no son solo los partidos políticos a los que me refiero.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

Dejá una respuesta