A “Mi General” le pican los derechos humanos

Alfredo Stroessner rodeado de sus principales colaboradores durante un acto. Fuente: Google
Alfredo Stroessner rodeado de sus principales colaboradores durante un acto. Fuente: Google

Por Federico Tatter. Twitter: @fedetatter #relatosbreves

“El excéntrico Mario no cumplía con las formalidades jerárquicas del Estado paraguayo. Él estaba más arriba. Mantenía una correspondencia paralela “de muy alta confidencialidad”, directamente con el germanófilo dictador, al que se dirigía con el castrense y reverencial apelativo de “Mi general”.”

De acuerdo a la página oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay, que invisibiliza a los jerarcas que han servido a una dictadura perpetradora de graves violaciones a los derechos humanos, Mario López Escobar fue embajador del stronismo y del propio Alfredo Stroessner (importante aclarar este punto) ante los Estados Unidos de América (USA), ante la Organización de los Estados Americanos (OEA) y ante Canadá, entre marzo de 1977 y octubre de 1983.

De acuerdo a artículos publicados por el diario ABC Color en setiembre de 2006 dentro de la serie “La diplomacia en los tiempos del stronismo”, con base en documentos obrantes en la cancillería nacional, el múltiple y peculiar embajador Mario fue un alineado y acerado “pyragüé”, muy empapado en una doble agenda anticomunista muy reservada. El excéntrico Mario no cumplía con las formalidades jerárquicas del Estado paraguayo. Él estaba más arriba. Mantenía una correspondencia paralela “de muy alta confidencialidad”, directamente con el germanófilo dictador, al que se dirigía con el castrense y reverencial apelativo de “Mi general”.

El diario ABC del 27 de noviembre de 2006 publicó que López Escobar envió una carta al Ministro de Relaciones Exteriores, “…fechada el 25 de junio de 1979” y está dirigida al canciller Nogués. En esta, López Escobar le informa que como resultado de gestiones y hasta de presiones ejercidas por él ante el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), consiguió la promesa de nombramiento, por un año, de un economista calificado, quien tendría una asignación anual de 28.845 dólares.

A reglón seguido, sin embargo, la verdadera intención de nuestro representante queda al descubierto. El diplomático le explica a Nogués que “a veces necesitamos informaciones confidenciales sobre aspectos tales como ‘derechos humanos’ u otros, y que para ello nada mejor que contar con conciudadanos animados de mística republicana dentro de la OEA, que naturalmente, tiendan a ayudarnos en el cumplimiento de nuestro cometido institucional (sic)” (Archivo digital ABC Color).

Si no quedó claro, el embajador pyragüé propuso y logró incrustar otro pyragüé en plena OEA en contra de la política de los derechos humanos del organismo regional.

La tirria contra los derechos fundamentales de las personas estaba ya con anterioridad en la mente y acción republicana del embajador Mario López Escobar, pues, dos años antes, precisamente el 30 de junio de 1977, apenas a tres meses de ocupar el alto cargo de embajador ante los Estados Unidos de América, remitió una carta a “Mi general”, el Excelentísimo General de Ejército de la dictadura, sobre la picazón de los derechos humanos con el siguiente temperamento y tono: “…me permito informarle que luego de la visita sorpresiva del Presidente Omar Torrijos de Panamá a Caracas, antes de la visita del Presidente Carlos Andrés Pérez a los Estados Unidos de América, se ha concretado una especie de pacto entre Colombia, Panamá, Venezuela y Costa Rica por el que todos los nombrados gobiernos se comprometen a sustentar solidariamente los principios y la política del Presidente Carter (USA), respecto a los Derechos Humanos”. Así, con mayúsculas en el original. Indudablemente, el embajador estaba adelantando la conformación de un bloque en el seno de la OEA, contrario al status quo prodictatorial que venía cobijando y escondiendo bajo la alfombra de la Guerra Fría durante tantos años al stronismo y a varias dictaduras de ultraderecha en el hemisferio occidental.

Al final de la carta, el extraño triple embajador y agente encubierto, informó de gestiones realizadas a pedido especial del dictador: “Mi general, he transmitido oportunamente sus saludos tanto al señor profesor Dean Rusk como al embajador Sevilla Sacasa, quienes quedaron muy agradecidos”.

Izq.: Dean Rusk, Secretario de Estado de los EE. UU. desde 1961 a 1969. Der.: Guillermo Sevilla, embajador nicaragüense en los EE. UU. desde 1943 hasta 1979.

Izq.: Dean Rusk, Secretario de Estado de los EE. UU. desde 1961 a 1969. Der.: Guillermo Sevilla, embajador nicaragüense en los EE. UU. desde 1943 hasta 1979.

¿Quién fue el tal profesor Rusk? Nada más y nada menos que el ex secretario de estado norteamericano de los presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson, desde 1961 hasta 1969. Uno de los halcones guerreristas que impulsó la guerra y división de Corea, apoyó fervientemente la guerra de Vietnam, la invasión a Cuba, y apoyó todas las acciones militares de fortalecimiento de las dictaduras anticomunistas, como la del Paraguay. Fue también uno de los jerarcas de la Fundación Rockefeller.

¿Quién fue el embajador Guillermo Sevilla Sacasa? “Fue el embajador Nicaragüense en los Estados Unidos de América, desde 1943 hasta 1979, cuando la Revolución Sandinista triunfó y derrocó el gobierno de la familia de su esposa, Lilian Somoza Debayle (hermana del dictador Anastacio Somoza). Guillermo, conocido como “El embajador más condecorado en el mundo”. También ostentó el récord de ser la persona quien asistió al mayor número de banquetes, cócteles, galas, ceremonias e inauguraciones presidenciales en Washington, superando a cualquier otro diplomático o a presidentes americanos”. (Wikipedia, 2015).

Federico Tatter.

26 de julio de 2015. Asunción, Paraguay.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

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