De arbitrariedades y persecución: el hostigamiento al doctor Bellasai

De arbitrariedades y persecución: el hostigamiento al doctor Bellasai
Personal de blanco del Hospital de Clínicas en protestas durante la década de los 80. Foto: Diario Última Hora.

Por Federico Tatter. Twitter: @fedetatter #relatosbreves

Las detenciones arbitrarias sufridas por el reconocido doctor José Bellasai durante la dictadura stronista son una clara muestra de la relación entre el movimiento social paraguayo y la Universidad Nacional de Asunción UNA, a través de la Facultad de Ciencias Médicas y su Hospital-Escuela, el Hospital de Clínicas, mal llamado por algunos mercaderes mediáticos como “el hospital de los pobres”. Leé este nuevo Relato Breve de la mano de Federico Tatter.

El 13 de enero de 1987, bajo referencia del “Caso 9713”, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dentro de sus procedimientos institucionales, envió una comunicación a la dictadura stronista a través de su canal, el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Carlos Augusto Saldívar, para ampliar el reclamo acerca de las continuas detenciones arbitrarias hacia el movimiento social y político (Fetraban, Resk, Saguier), el movimiento estudiantil (Caso de Clínicas), y el movimiento campesino (Tavapy II), sea bajo amenaza o sospecha de infligir las leyes liberticidas 209 y 294, sea bajo las atribuciones autoritarias del Artículo 79 de la Constitución Nacional, de perpetuidad del estado de sitio.

La ampliación de la denuncia a cargo de los reclamantes inició así: “En adición a nuestra denuncia anterior queremos informarles que entre los múltiples casos de reiteradas detenciones que se han venido sucediendo últimamente con tanta frecuencia en Paraguay, para hostigar y atemorizar a quienes protestan o discrepan cívicamente de cualquier medida adoptada por el Gobierno, se encuentra el doctor José Bellasai, médico del Hospital de Clínicas de Asunción y distinguido miembro de la Asociación de Médicos”.

Las mencionadas leyes y artículos tenían bien ganado el nombre de “liberticidas”, pues su espíritu era en esencia autoritario y netamente represivo de cualquier contestación ciudadana, por más leve que fuera. Funcionaban como un garrote. Mejor aún, después del garrote real de la represión policial, los contestatarios, recibían otro, del “ámbito judicial”, con fiscales y jueces que continuaban “por otras vías” la misma represión política arbitraria.

La “era de paz y progreso del segundo reconstructor” no pasó de ser una era negra, plagada de oscurantismo, atrocidades y farsas.

Pero sigamos con la ampliación de la denuncia acercada a la CIDH el 24 de diciembre de 1986: “El doctor Bellasai, detenido en abril de 1986 y poco tiempo después liberado, fue apresado nuevamente, sin mandamiento judicial ni razón justificada alguna, el 23 de diciembre de 1986 por dos policías, mientras se encontraba atendiendo a sus pacientes en el Centro de Salud Oficial, en el poblado de Nueva Colombia, a unos 60 km de Asunción”.

En esta oportunidad, continúa el escrito: “…fue detenido por dos agentes de la policía, los cuales se hicieron pasar por pacientes del galeno y procedieron a esposarlo, y lo pasearon así públicamente por varias calles del pueblo para que todos lo vieran, y después se lo llevaron a la Central de Policía en Asunción, donde permanece incomunicado. … Demandamos que se le formulen cargos oficialmente y se le ponga a la disposición del juez competente o se le ponga inmediatamente en libertad”.

Menos de un mes después, el 26 de enero de 1987, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la dictadura, a través de Francisco Barreiro “Poncho Pytá” Maffiodo, dio instrucciones de contestación a su embajada en Washington a través de un lacónico telegrama: “Para embajador Martinez Mendieta Stop … Caso 9713 José Bellasai Stop Estuvo detenido en virtud del artículo 79 de la Constitución Nacional Stop Goza de perfecta salud y total libertad Stop Barreiro”. Sin dudas, la pluma filosa del diario Patria se melló. Ya no asustó a nadie, solo vergüenza ajena.

El “doble método policial-judicial”, acompañado de criminalización a través de la propaganda de Estado, fue utilizado por el régimen dictatorial para propalar nacional e internacionalmente que la represión política estuvo enmarcada siempre “dentro de las leyes y la Constitución Nacional de una democracia”. No fue más que un recurso para esquivar la acertada caracterización de “dictadura”. La “era de paz y progreso del segundo reconstructor” no pasó de ser una era negra, plagada de oscurantismo, atrocidades y farsas.

Este método de enmascaramiento de la arbitrariedad nos servirá para realizar analogías más adelante y entender el temperamento represor inmanente del Estado paraguayo durante la transición, que se mantiene hasta la actualidad. La pulsión manifiesta del poder del Estado por rodear de legalidad sus abusos y arbitrariedades, pero sin perder el estatus de “democrático” ante la opinión pública nacional y ante organismos internacionales.

Federico Tatter.

4 de octubre de 2015. Asunción, Paraguay.

Escrito por
Periódico hecho por estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Asunción.

Dejá una respuesta